Me acusas de quererte y no buscarte,
me acusas de jugar siempre al empate,
me acusas de buscar siempre una excusa
para tu mientras y mi siempre.

Me acusas de quererte sin permiso con rabia y de contado,
me acusas de irme sin permiso como si te haya importado.

Me acusas de quererte y no buscarte,
me acusas de quererte por amor al arte,
me acusas sin piedad, con tus ojos de jade y esencia sin igual.

Pero aquí sigo ya lo ves, salvado por la campana,
con tu nombre en mi boca,
con tu boca en la manzana de mi árbol del Edén.

Me acuso a mí mismo de mentirte
diciéndote que me marcho y jurarte que no vuelvo
aunque tú y yo sepamos que ni lo intento…

¡Me acuso de adorarte!

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